Nadie te explica la disrupción del viaje o del trauma en la personalidad. Me vine a la mente la Odisea de Odiseo. Para los que sabéis de mitología, en la aventura de este guerrero, se esconde la constante motivación de que algún día, va a volver a su hogar y a los brazos de su mujer y su hijo. Motivación que lo mantiene en vida a lo largo de todo el trayecto convulso de su aventura. Pero imagínate que la ensoñación que te ha mantenido en pie de guerra se desvanece o desdibuja en el preciso momento en la que puedes alcanzarla.
A pesar de que la historia de Odiseo se enfoca en sus gestas durante la Odisea , la verdadera odisea empieza cuando alcanza ese anhelo y se da cuenta que lo que expectaba como felicidad, resulta que le causa desdicha . La historia de este guerrero es tanto la historia del viajero como la historia del trauma. Solo quién ha vivido en los limites de lo inestable, impredecible, falto de cualquier previsión y a merced de cualquier truculento giro de guión , entenderá lo que le sucedió a Odiseo, su estupefacción cuando por fin alcanza todo por lo que lleva tiempo justificando su existencia.
Y es muy duro de explicar por el viajero de muchas realidades, y muy duro de entender por el entorno que no se vio afectado por cambio alguno. La persona que se fué regreso pero ya no será nunca la misma persona que partió. Y muy probable que, lo que creía que quería ,puede que ya no lo anhele tanto como lo anhelaba en la ensoñación romántica de la idea. Y lo más difícil de todo es que puede que no sepa cómo volver a encajar la pieza de la monotonía que conlleva esa realidad familiar y estable.
Tanto el viaje como el trauma te dejan hiperactivo de sucesos, anticipándolos y añorandolos a la vez. No sabes cómo estar en una rutina en la que no pase nada , o estás demasiado alerta para sentirte cómodo en lo apacible. Necesitas un tiempo de reintegración a la normalidad pero no lo sabes porque ahora la normalidad te parece alienígena, artificial, irreal. Lo curioso de todo es que el síndrome de «Odiseo retornado» nadie lo explica pero se sufre . Se sufre en silencio a la vuelta del viaje , y a la vuelta del trauma. Se sufre cuando la vida ha perdido el hilo por cierto tiempo y los cimientos de tus creencias se han venido abajo. Cuando la realidad colapsa en el marco de lo inexplicable, la psique , como Odiseo, rechazará lo que buscaba , por desorientación y cuestionamiento sobre el verdadero origen de esa motivación . Quizás este texto sirva para ayudar a entender porqués a los padres contrariados por la actitud de un hijo que retorna después de un Erasmus , o a la pareja que , anhelante de un encuentro romántico, se encuentra con un compañero o compañera distante en los afectos o hasta efusiva.
Esa persona necesita volver a encontrar su centro y a encajar todo lo vivido con la vida pacífica en la que , contrariamente a el o ella ,no ha sufrido cambios. Supongo que es más fácil integrar los cambios internos si el exterior también cambia , que cuando cambia el interior y el exterior se percibe por una realidad que no ha acompañado el ritmo de la transformación individual.
Hasta a los navegantes que llevan meses en el mar , les es difícil volver a conciliar estar en tierra estable de buenas a primeras. Es a partir de varios procesos de reorganización de la realidad cuando aprendes que acomodarse al retorno, es un proceso. Pero quizás necesitabas que te lo dijeran.. quizás necesitabas oír que lo que te pasa no es nada raro aunque a tu familia les sorprenda lo alienígena de ti. Y tú entender que , todo lo vivido, necesita encontrar espacio y ubicación en el margen de tu psique. Tal como los músculos necesitan reformularse a nuevos esfuerzos físicos por muy en forma que estén, lo mismo sucede con la mente. Y que maravilla el cuerpo que siempre nos enseña en el campo físico lo que sucede arriba en el mundo de las ideas
No puedo decirte si eso que te cambió será para bien solo que siempre te hace diferente.
Algunos creen que para mejor, y es bonito que te compartan esa creencia. Pero muchas veces se siente como la muerte de la inocencia dentro de ti, como que esa parte pueril, jovial, lozana , confiada se fué para dar lugar a alguien en guardia constante , a la caza de posibles amenazas que un día fueron muy reales. Miedos que acechan en las sombras y que tienes que aprender a observar como quien ve a un fantasma. Algo que fué pero ya no goza los privilegios materiales de estar en la vida. Pero que la mente decide , por algún motivo, preservar. Quizás para el entrenamiento del alma , quizás para sanar otras heridas subterráneas de la psique. Vete tú a saber. Y es que el trauma te retorna al dolor , con el ansia de arrancar el metal que sigue quemando bajo la piel.
Cada cual transita sus debacles y va descubriendo los simbolismos de los cataclismos . No hay nadie que pueda significarlos por ti, solo tu mismo puedes llegar a las posibilidades de sus escenificaciones en tu vida, aunque suenen de historia de anime japonés. Pero es genial si, como la esposa comprensiva de Odiseo, te tienen paciencia en el proceso de reorientar tus fisuras ,tus descubrimientos y tus cambios, para guiarla hasta la realidad pacífica en la que ahora estás.
Los cambios no dejan a nadie indiferente. Si lo hicieran ,la vida no existiría y solo habría muerte.
Agradece los cambios. Honra tu proceso y hasta las cicatrices más oscuras. Hay algo que tu alma tenía que aprender, y no podía ser de otra forma. Y digo alma porque la dimensión humana de » te hizo mejor» en muchos casos se queda corta, solo la dimensión espiritual de la experiencia se siente como certera en lo relativo a dar significancia a los sucesos que desafían cualquier clase de lógica o entendimiento.

